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La Vidriera (1966)

May 25, 2019

Cuando ingresé a fines de 1965 en Industrias Pirelli para la llegada del primer computador (un NCR 315 con 10 Kb de memoria, lector de tarjetas, impresora, y tarjetas CRAM como soporte magnético) nunca imaginé que a mis iniciales tareas de programador y operador debía sumar las de "actor de teatro".


Se planteaba dejar los equipos convencionales electromecánicos por un computador electrónico. 


Y en ese cambio, los cuatro programadores que habíamos sido contratados y desarrollábamos tareas en el edificio de la calle Tucuman al 300, nos enteramos que el computador a incorporarse se instalaría sobre la amplia vidriera de la calle 25 de Mayo 444, sede central administrativa de la empresa.
Hoy ese lugar pertenece a una importante universidad privada.

Tomassino, Stuhldreher y otros en Pirelli

 

Pirelli en ese entonces era muy grande.  Tal como relato en mis memorias, al promediar los 60 casi todo era de goma,  y en la práctica casi ningún derivado plástico se comercializaba, por lo que Pirelli, que monopolizaba el mercado de cables y neumáticos, desarrollaba una extensa gama de productos (más de 15.000) desde arandelas, tapones, topes y soportes de todo tipo, hasta preservativos,  pasando por las recordadas bolsas de agua caliente y las galochas....

 

El tema es que habiendo desarrollado los primeros programas de los sistemas contable y de facturación,  apenas pasadas las vacaciones e instalado el equipo, se tomó la decisión de que operariamos nosotros mismos los equipos en estado de prueba hasta ponerlos en marcha.


Pero claro, Pirelli quería demostrar al público su avance administrativo y decidió en esos primeros meses de 1966 que se mostrase la computadora en toda su dimensión. Para ello, debía homogeneizar a sus programadores, por lo que muy a pesar nuestro, fuimos impelidos al uso de guardapolvos blancos.  La norma abajo de ellos, era camisa blanca y corbata y pelo corto.


Eramos muy jóvenes y reticentes por temor al ridículo... Pero "ube maior, minor cesa", la orden venía muy de arriba... la cumplimos.

 

Así que un buen día nos encontramos frente al público, con nuestros guardapolvos, tratando de que los programas funcionasen.


Claro, en los primeros momentos, preocupados por las largas compilaciones y la corrección de errores que nos llevaba el funcionamiento de nuestros programas, no advertimos que, especialmente al mediodía,  se agolpaba una gran cantidad de gente mirando lo que hacíamos. 


Esa calle era en esos años -quizás aún lo siga siendo- el corazón financiero de la city. 


Claro, apenas nos dimos cuenta de que éramos tan observados, nuestro proceder sufrió un cambio. Les aseguro...era muchísima gente en doble fila incluso....


Y entonces. ... empezamos a funcionar "como doctores..."


Aprendimos a poner "caras de serio", fruncir el ceño y sostener el mentón, mientras las lucecitas de la consola jugueteaban o mientras el papel de la impresora de alta velocidad avanzaba a mil líneas por minuto. No existía aun el monitor, por lo tanto mirábamos serios  a la nada....no tenía significado nada de lo que hacíamos mientras el equipo funcionaba solo. .... Pero de reojo, claro, mirábamos cuántas chicas se quedaban absortas, mientras jugueteábamos con el mazo de tarjetas que habíamos aprendido a manipular...
Y la distracción era tanta que seguramente muchos de los errores eran cometidos adrede para permanecer más tiempo en la vidriera....


Un guiño, una sonrisa, una mirada podía significar algún "levante", por lo que salir de a ratos "a fumar un pucho" en la calle se volvió una costumbre que, obviamente, a las pocas semanas obligó a que los jefes se diesen cuenta y nos reprendiesen.

 

Y unos cuantos meses después, dado que vivíamos en gobierno militar y a veces ocurrían marchas de protesta, viniese la orden "de arriba" de que la vidriera debía permanecer cerrada la mayor parte de los días...


Esa es la historia....

 

Y les cuento que que pocos años después, cuando me tocó ser jefe de trabajos prácticos en la universidad, desde los primeros momentos supe que ante los alumnos, además de saber y expresarme correctamente, también debía "actuar".....


Y ello me sirvió mucho pues naturalmente de joven, era algo tímido.

Hoy, desde mis años,  creo que "la vidriera" contribuyó bastante a toda mi vida posterior de profesor...

 

Carlos Tomassino

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