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CASSINO-TOMASSINO (2/3)

May 25, 2019

A mitad de año de 1979 ya nos iba bastante bien. Los contactos empezaban a llamarnos.

 

Dado nuestro conocimiento en temas de capacitación, creímos factible crear una empresa a la que denominaríamos Centro de Capacitación en Tecnología Informática. Realizamos un par de cursos de Bases de Datos relacionales muy exitosos, tanto que le empezamos a competir a la empresa ICI de Víctor Chiesa. Al ver que la educación seria un factible e interesante negocio alquilamos otra oficina en ese mismo piso para atender a eventuales interesados, y tomamos otra persona.  

 

 

Los servicios de Data Processing andaban bien, muchos nos preguntaban si ofertábamos el servicio, el que nos parecía algo lejano...


Pero al poco tiempo se dio que Jorge Pérez Carballo, un viejo amigo de Burroughs que nos visitaba regularmente, nos insistió en comprar un B800, minicomputador recién anunciado, ideal para funcionar como DPC. La oferta (si mal no recuerdo) era pagarlo en 36 meses a razón de 4000 dólares mensuales o algo así, a partir de su instalación. Hicimos un somero cálculo... y como éramos osados...compramos.

 

 

Claro, para instalar esa máquina necesitábamos otra oficina, y así fue que la alquilamos, en el mismo piso. Demoramos en acondicionarla pues el equipo tardaría en llegar. En ese interín decidimos también asociar a quienes la conducirían (en un inicio Alberto Uhalde, más tarde Enrique Van der 
Wildt) y ello nos llevó a armar una tercera empresa que denominamos Computersa.

 

Como la tablita de Martínez de Hoz funcionaba a la maravilla y mensualmente soportábamos los gastos, estábamos muy entusiasmados. Se nos sumaban los clientes casi semanalmente. Tuvimos que tomar un par de analistas y programadores (algunos de ellos, hoy primeras figuras de la informática) y si bien nos acomodábamos, nos quedaban chicos los ambientes.


Jorge propuso entonces mudarnos a otras oficinas que se habían vaciado y, por la amistad que habíamos alcanzado con el dueño de Suipacha, titular de las sastrerías Chemea, ello nos permitió en pocas semanas y con algunos cheques diferidos permutar parte de las tres oficinas que teníamos, por otras cinco más grandes en ese mismo tercer piso que a esa altura era casi todo nuestro.


Cassino y yo, además, habíamos conseguido la coordinación de los cursos en el CFI y además nos habían contratado para dictar los cursos del INAP.  Esto nos permitía viajar unos pocos días mensualmente por todo el país y armar alguno que otro negocio en las provincias. 


Ya era 1980, y habíamos alcanzado un status que a nosotros mismos nos maravillaba.  Clientes de la banca empezaron a observarnos con detenimiento y finalmente contratarnos. Era el momento de iniciación de los plazos fijos...

 

Decidimos seguir incrementando nuestro personal pero debido a ello debíamos pensar en otro ámbito. Los amigos de IBM, mienttas tanto, conducidos por Willy Canale, gerente general de GS (IBM se había separado en dos áreas, GS, minicomputacion y DP grandes procesadores) nos habían invitado a visitar las fábricas de NY, Atlanta y Fort Laudardale con otros reconocidos consultores, y tras la visita nos ofertaban un Series/1 en excelente condiciones de venta.

 

¿Qué debíamos hacer? Ya competíamos directamente con la empresa Nro 1

 

del  momento, la Consad de Julia Oshiro, Juan Carlos y Marcelo Cattáneo. Así que Jorge se apareció un día con una propuesta inédita: alquilaríamos un petit hotel en el barrio de Recoleta.

 

La necesidad parecía clara: las dos computadoras para servicios, y casi una treintena de analistas, programadores, empleados y asociados justificaban el cambio. La casa tenía cuatro plantas, una inferior donde estarían las computadoras y los operadores, la planta baja donde teníamos las oficinas nuestras y de la recepción, secretaría y otras dependencias menores, el primer piso donde se alojarían programadores y analistas, y un piso superior, en realidad una azotea remodelada, con un lujoso quincho que nos hacía de comedor con vista a una pileta iluminada rodeada de plantas que era la admiración de todos.


El tema era que costaría u$s 10.000 mensuales.... pero claro, era la época del "deme dos"  y los valores estaban tan distorsionados que parecía un precio normal así que sin preguntarnos demasiado cómo diablos lo pagaríamos, dijimos "vamos para adelante. ..!"

 

A esa altura el mundo no tenía fin...

 

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